por Federico B.
Es la madrugada; final de una
noche de llanto y dolor. Rompiendo la escarcha a cada paso, agobiada,
tambaleante, cruza la calle barrosa una sombra.
Lleva abrazado un envoltorio
sucio hecho con hojas de diario. Camina y llora abrazada al paquete.
Unos pasos más, sortea algunos
arbustos y baja por la barranca hasta llegar al río.
En la orilla se agacha y con
cuidado deja su carga que rápidamente se lleva la corriente.
Un débil gemido se escucha en
las olas; un hilo de sangre serpentea entre sus piernas.
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